¿Qué hacemos con los humedales de Bogotá en tiempos de emergencia ambiental global?

Sólo nos queda el 6,6% de los cuerpos de agua de los humedales que teníamos en 1950

En el 2017, el grupo de investigación en ingeniería civil de la Universidad Distrital publicó un estudio en el que midieron las áreas de los cuerpos de agua de los 15 humedales que hoy son reconocidos en Bogotá. Esta medición la hicieron a partir de fotos aéreas que tomó el instituto geográfico Agustín Codazzi en 1950.

Con mi equipo fuimos al Agustín Codazzi para consultar las fotos de estos sobrevuelos hechos a mediados del siglo pasado. Tomamos los datos producidos por los ingenieros de la Distrital y los contrastamos con la información oficial de la secretaría de ambiente, que envió al concejo la medición de los espejos de agua en diciembre de 2017, en su respuesta a la proposición 586. Así calculamos la pérdida de cuerpo de agua de cada humedal, y de la ciudad en su conjunto.

Pasamos de 1.101 hectáreas de cuerpos de agua en 1950, a 72,86 hectáreas en 2017, una pérdida del 93,4% de los cuerpos de agua de humedal que tenía a mediados de siglo pasado. Esa es una cifra global para la ciudad. En promedio, la pérdida de agua de cada humedal ha sido del 89,8%. En el siguiente video pueden ver el caso de Juan Amarillo, que pasó de tener un espejo de 102,4 hectáreas a uno de 18,7 hectáreas, una pérdida del 81,8%. Lo mismo ocurrió en toda la ciudad.

 

Los humedales distritales apenas representan el 1,8% del área urbana de Bogotá

Actualmente, los 15 humedales reconocidos oficialmente ocupan un área de 716,8 hectáreas. Esto es una fracción de apenas el 1,8% del área urbana de la ciudad, que la secretaría de planeación, en un informe del portal geoestadístico publicado en su página en 2018, estima en 38.430 hectáreas.

Como pueden ver en el siguiente mapa, en el noroccidente de la ciudad se concentran los cinco humedales más grandes, que tienen más de 40 hectáreas. Los más pequeños están, sobre todo, hacia el suroccidente de la ciudad.

Fuente del mapa: IDECA, cartografía de áreas protegidas en Bogotá, 2016.

 

No hay avances en la recuperación de fondo de los humedales

En el plan de desarrollo, dentro del eje transversal de sostenibilidad ambiental basada en la eficiencia energética, se incluyó un programa para la recuperación y manejo de la estructura ecológica principal. Dentro de este programa, el proyecto estratégico de consolidación de la estructura ecológica principal es el que incluye una meta de producto puntual sobre humedales: intervenir el 100% de los humedales declarados en el distrito. Podemos medir el nivel de cumplimiento de esta meta a partir de la ejecución de recursos de inversión en dos rubros.

El primer rubro de inversión es “ejecutar 100% del plan de intervención en Parques Ecológicos Distritales de Humedal declarados”, es decir, intervenir de manera directa sobre estos espacios. Aquí la ejecución es notablemente baja. De los 4.936 millones planeados para invertir, sólo se han ejecutado 598 millones, el 12,1%. Mientras en 2016 la ejecución de este proyecto fue de 96,8% (395 de 408 millones), en 2017 cayó al 8,4% (103 de 1.222 millones). A 30 de junio de este año, se había ejecutado el 7% de los recursos (100 de 1.417 millones).

¿En qué consisten estas intervenciones? Según el artículo 156 del plan de desarrollo, en donde se definieron estas metas, en la recuperación física y la rehabilitación ecológica de todos los humedales (excepto Santa María del Lago, al que sólo se le haría mantenimiento).

Hasta el momento, las acciones llevadas a cabo en los humedales se han concentrado en la instalación de señales, el diseño de aulas ambientales, el retiro de residuos y operativos para controlar ocupaciones ilegales. Durante 2018 (con corte al 30 de junio), en estos operativos identificaron a 65 consumidores de droga dentro de los humedales, a 85 personas que deben sobrevivir en la calle, y retiraron 91 cambuches. Pero esto no va al fondo del problema.

 

La empresa de Acueducto tiene a su cargo la meta de construir 3 parques lineales para recuperar el sistema hídrico de la ciudad

Además, plantearon la construcción de cinco parques lineales en los siguientes humedales: Juan Amarillo, Jaboque, Córdoba, la Conejera y Torca-Guaymaral. Como recordarán del escalafón que presenté al inicio, estos son los cinco humedales más grandes de la ciudad. Por esa razón, asumió la construcción de los parques de Juan Amarillo (en su borde norte), Jaboque y Córdoba. Los otros dos parques – Torca y Conejera – aparecen en el plan de desarrollo en cabeza de la secretaría de ambiente en conjunto con el Acueducto. Ninguna de estas entidades ha reportado avance alguno de estas obras en segplan.

¿Cómo se han orientado estas obras? ¿Qué estudios de los humedales, en época de emergencia ambiental global, sustentan este tipo de intervención de los humedales?

Aquí la ejecución también es mala. Entre 2016 y 2018, el Acueducto planeó ejecutar 172.655 millones de pesos en los estudios y las obras de estos parques, pero a 30 de junio sólo ha reportado la ejecución de 60.092 millones, el 34,8%. Estos corredores aún siguen en etapa de diseños pues, según el reporte de segplan, han sufrido retrasos. Tanto en Juan Amarillo como en Jaboque, la interventoría planteó objeciones a los diseños técnicos. También se han demorado en obtener los permisos ambientales para la obra. No reportan avance en los diseños del parque lineal de Córdoba.

Además, el Acueducto ha ejecutado otros 10.536 millones en proyectos de adecuación hidráulica. Estos recursos se han destinado, entre otros, al saneamiento predial de los humedales Juan Amarillo y Tibanica.

De esa manera, entre 2016 y 2018, la secretaría de ambiente planeó invertir 14.258 millones de pesos para todas las metas de intervenir los humedales. De estos recursos, la entidad ha ejecutado 6.551 millones, según segplan con corte a 30 de junio de este año. Esto representa una ejecución del 45,9% en toda la meta.

 

La mayoría de los humedales está huérfano

El segundo rubro de inversión que tiene la secretaría de ambiente es para “manejar 15 humedales mediante el desarrollo de acciones de administración”, es decir, contratar a los administradores y demás personas que trabajan diariamente en los humedales como contratistas. Para este proyecto se han destinado 9.322 millones, y se han ejecutado 5.953 millones, el 63,8%. Sólo para la vigencia de 2016, la ejecución de este proyecto fue del 95,6%. En 2017, alcanzó el 96,4%. Hasta junio 30 de este año, la ejecución iba en 31,9% según segplan.

Pero, así estos recursos tengan un mejor nivel de ejecución, no garantizan que haya un administrador por cada humedal. Los humedales de Meandro del Say y Capellanía, ambos en la localidad de Fontibón, deben compartir un administrador. Peor aún es la situación de los humedales de Salitre (Barrios Unidos), la Isla (Bosa) y el Tunjo (Ciudad Bolívar) que tienen un solo administrador para los tres.

Esta información proviene de los 12 contratos para la administración de los humedales que reportó la secretaría de ambiente para la vigencia de 2017. Esta situación la pudimos constatar en las visitas hechas por mis colaboradores Cristian Rodríguez y Ana Prada.

 

La secretaría de ambiente sólo está vigilando dos humedales y hay seis que no tienen vigilancia

La secretaría de ambiente tiene un contrato para los servicios de seguridad de todas sus sedes. Pero en ese contrato sólo hay incluidos dos humedales: Santa María del Lago y la Conejera. El contrato para vigilar estos dos humedales fue firmado el 21 de abril de 2017 y, luego de tres prórrogas, sigue vigente hasta el próximo 16 de agosto. Inicialmente, en ese contrato se definieron tres vigilantes para Santa María del Lago, dos de carácter permanente con acompañamiento canino y uno más, sin arma, para las horas diurnas. Pero en la última prórroga, del 19 de julio de este año, se recortaron los servicios de vigilancia para este humedal, en donde sólo quedó un vigilante de manera permanente. Los vecinos han advertido esta reducción en la seguridad del humedal. Pueden acceder a esta última prórroga haciendo click aquí.

En el caso de la Conejera, en el contrato definieron que se necesitaban dos vigilantes armados de manera permanente en el humedal. Pero, al igual que en Santa María, en la Conejera también se redujo el servicio a un solo vigilante permanente.

¿Por qué están reduciendo los vigilantes, cuando una de las principales barreras a la convivencia y acceso de los ciudadanos a estos lugares es que los sienten inseguros?

En otros siete humedales hay vigilantes de la empresa de Acueducto, que cuidan predios o instalaciones que tienen en la zona. Son: Juan Amarillo (dos puestos de vigilancia), Córdoba (dos puestos), Techo (un puesto), el Burro (un puesto), la Vaca (un puesto), Tibanica (dos puestos) y Jaboque (un puesto). Miremos lo que dice el Acueducto:

“[Los vigilantes tienen] la función específica del cuidado de los activos fijos de la EAB-ESP como herramientas, elementos, equipos e infraestructura construidos por la Empresa para la protección de estos ecosistemas.” (Respuesta a la proposición 586 de 2017, p. 17)

Algunos de estos humedales tienen condiciones críticas de seguridad. En la Vaca, por ejemplo, vimos la caseta de vigilancia, pero estaba desocupada. Los vecinos no sienten una presencia constante de ninguna instancia de la administración y, según ellos mismos, evitan usar lugares que consideran inseguros. De esa manera, hay seis humedales que están completamente a su suerte: Capellanía, Meandro del Say, Torca-Guaymaral, la Isla, el Tunjo y Salitre.

 

Visitamos los 15 humedales y los encontramos divorciados del resto de la ciudad

Durante veintiuna jornadas entre junio y agosto, con mi equipo visitamos todos los humedales del distrito. En estas visitas, quisimos entender cuál es la relación de los bogotanos con los humedales. Por esa razón, nos enfocamos en hablar con los vecinos de los barrios circundantes a cada humedal.

¿Qué encontramos? Que los 15 humedales se pueden clasificar en tres grupos, de acuerdo con su relación con la vida urbana:

  • Hay 3 humedales que sí son tales para los vecinos: Santa María del Lago, en Engativá; y Córdoba y la Conejera, en Suba.
  • Otros 4 humedales que no son parques (aunque muchas personas creen que sí): Jaboque, en Engativá; Juan Amarillo, entre Engativá y Suba. En ellos dos me concentraré. Luego hablaré también sobre Salitre en Barrios Unidos; y Tibanica en Bosa.
  • Los otros 8 humedales son tierra de nadie: la Vaca, el Burro y Techo, en Kennedy; Capellanía y Meandro del Say en Fontibón; la Isla en Bosa; el Tunjo en Ciudad Bolívar; y Torca-Guaymaral en Usaquén y Suba.

Vamos a ver cada caso.

 

1. Humedales que sí son tales para los vecinos

Santa María del Lago, la Conejera y Córdoba son humedales que han sido adoptados por muchas personas que viven en sus cercanías. No es coincidencia que estos sean los humedales mejor conservados de la ciudad.

 

Santa María del Lago es un lugar querido por sus vecinos

Santa María del Lago, en la localidad de Engativá, cambió la vida de las personas que viven a su alrededor. Su restauración, que incluyó algunas obras duras (senderos, miradores) fue terminada en el año 2001. Santa María es un santuario verde en medio de la urbanización densa de esta zona.

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Imagen aérea del humedal Santa María del Lago.

 

Los vecinos, según pudimos constatar en nuestras visitas, hacen un uso permanente del humedal. Es común encontrar allí aves y el cuerpo de agua se encuentra en buen estado.Según nos contaron, Santa María del Lago se ha convertido en un lugar de educación ambiental importante para la comunidad. Por ejemplo, muchos vecinos de los conjuntos cercanos han aprendido a llevar al humedal aves que se estrellan contra sus ventanas para que sean atendidas y continúen su rumbo.

Santa María del Lago.

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La Conejera existe gracias a los ciudadanos

La Conejera marca el borde urbano de Bogotá en el noroccidente de la ciudad, en la localidad de Suba. De esa manera, la Conejera es un borde verde que pone fin a la urbanización abigarrada de esta punta de la ciudad y que existe gracias a que sus vecinos se han encargado de estar pendientes de él.

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Imagen aérea del humedal la Conejera.

Hablamos con seis vecinos del barrio Suba Compartir, en donde está la entrada principal del humedal. Nos dijeron que la cercanía con el humedal representa un desafío permanente de seguridad, sobre todo en lo que tiene que ver con el mantenimiento de la cerca que bordea a la Conejera. Los vecinos de Compartir tienen un palpable sentido de pertenencia por el humedal. Por esa razón, está en la categoría de los humedales que sí son tales para los vecinos. Ellos asisten a las reuniones que convocan colectivos ambientalistas, están en diálogo permanente con los funcionarios de la secretaría de ambiente y toman en sus manos la limpieza de las zonas que bordean la Conejera.

Humedal la Conejera.

Según los vecinos, aunque sienten que el humedal está bien cuidado, la vigilancia es insuficiente. Los árboles caídos abren espacios para cambuches que han hecho desalojar luego de hablar con la policía. Además, estos árboles son el puente para que personas que consumen droga entren y salgan del humedal sin control alguno. Por lo menos desde hace seis meses, según nos contaron, no se recogen estos árboles caídos. Aquí pueden ver a estos vecinos transitando uno de estos árboles.

Vecinos de la Conejera, barrio Suba Compartir.

La administradora del humedal nos confirmó esas amenazas de seguridad que han tenido que enfrentar, con el apoyo de la policía. Pero, sobre todo, los vecinos fueron insistentes al decir que se sentían excluidos desde hace más de diez años de la vida del humedal. Ellos saben que la secretaría de ambiente hace actividades constantes en la Conejera, pero ya no se involucran en ellas. Por ejemplo, ya no llevan a los niños del jardín infantil local a visitar el humedal; tampoco participan en las caminatas nocturnas que se hacen en la zona.

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El caso de Córdoba es una muestra de los desafíos para recuperar los humedales

El humedal Córdoba, también en Suba, está partido en dos por la avenida Suba. Es un humedal con dos caras que demuestra la dificultad de recuperar estos lugares y de vincular a sus vecinos en estas labores.

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Imagen aérea del humedal Córdoba.

En el costado oriental encontramos un buen cerramiento, oficinas de administración, un aula ambiental, guardias y personal de guía y mantenimiento. Allí han sido construidos unos senderos altos que permiten recorrer casi todo el humedal hasta su cuerpo de agua principal, en una caminata de varios minutos que ofrece una pausa del bullicio de esta zona de la ciudad.

Humedal Córdoba, sector oriental.

Sin embargo, el costado occidental está enrejado y fue cerrado al público hace aproximadamente dos meses, según nos informó un guardia de seguridad, luego de que se denunciara la violación de una mujer en esta zona del humedal el 27 de mayo de este año. El vigilante nos dijo que “cerramos después de lo que le sucedió a esa muchacha.”

Cuando le preguntamos al vigilante si podíamos acceder a la zona occidental del humedal, él nos contestó que “allá es donde atracan”. Efectivamente, esta zona ha generado una alta percepción de inseguridad en los vecinos del barrio Niza antigua, que colinda con esta sección del humedal. Sin embargo, esto no impide a los vecinos de caminar con sus perros y hacer deporte en el sector norte del humedal, el más cercano a sus casas.

Humedal Córdoba, sector occidental.

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¿Qué nos enseñan estos humedales?

Estos tres humedales nos muestran que los bogotanos están dispuestos a involucrarse en la recuperación de ecosistemas frágiles como los humedales, pero que no lo pueden hacer sin apoyo. Los vecinos que se sienten aislados de la Conejera, por ejemplo, son un activo fundamental para continuar con el trabajo en el humedal.

Los puestos de observación de aves que hay en Santa María del Lago son intentos pequeños de vincular directamente a la comunidad, algo que otras ciudades en el mundo ya han hecho, como veremos hacia el final del debate.

¿Por qué no abrimos un club para cada humedal, en donde los jóvenes de las localidades aprendan y encuentren una actividad adicional para su tiempo libre? ¿Por qué no construimos estaciones elevadas para observar pájaros en los bordes de los humedales, para que no los afecten? ¿Qué pasa si hacemos unos senderos elevados – no intrusivos en los humedales – para que los caminantes adquieran otra perspectiva de la naturaleza de la ciudad?

 

2. Humedales que no son parques (aunque muchas personas creen que sí)

Los vecinos de los humedales Juan Amarillo, Jaboque, Salitre y Tibanica se relacionan con estos lugares a partir de la recreación y el deporte. Desafortunadamente, como en estos humedales aún es palpable el deterioro ambiental, no son espacios de contemplación de la naturaleza. Los vecinos los usan como parques.

 

El cuerpo de agua artificial del Juan Amarillo lo hace ver como un parque acuático

El humedal Juan Amarillo, el más grande de Bogotá y la barrera natural entre las localidades de Suba y Engativá, tiene unas zonas muy distintas que se derivan de su tamaño. En el nororiente, cerca al club los lagartos y sobre la avenida ciudad de Cali, tiene senderos, iluminación y los vecinos lo usan para actividades de recreación. Los vecinos que recorren esa sección del humedal lo usan como si fuera un parque.

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Imagen aérea del humedal Juan Amarillo, borde norte.

Sin embargo, en la zona más occidental hay unas “chucuas” que no tienen el mismo cuidado y que, por estar en una zona menos transitada, los vecinos sólo usan de manera ocasional.

Imagen aérea del humedal Juan Amarillo, borde occidental.

La zona que más transitan los vecinos de Juan Amarillo es un corredor adoquinado en donde caminan, pasean a los perros y montan en bicicleta. Estas actividades se dan al lado de una “piscina”, un cuerpo de agua artificial que resultó de una radical intervención al humedal puesta en marcha en la primera alcaldía de Enrique Peñalosa y finalizada en el segundo mandato de Antanas Mockus.

Sendero borde norte, humedal Juan Amarillo.

El humedal, sin embargo, tiene un reto de seguridad importante. La principal amenaza que sienten los vecinos es porque el humedal no se puede cerrar, pues aún hay casas adentro. Según la policía y unos trabajadores de la empresa de Acueducto que encontramos en la zona, los residentes de las casas están en predios no subsanados por la alcaldía local y el Acueducto. Además, están en pleitos jurídicos que imposibilitan sacar a los habitantes de las casas para asegurar con candados el cerramiento externo.

Casa dentro del humedal Juan Amarillo.

Esto implica un riesgo latente para la conservación del humedal y de los visitantes del mismo, pues al no poder cerrar el paso al público las personas circulan hasta altas horas de la noche y se generan ocupaciones ilegales que se traducen en la aparición de fenómenos de delincuencia como robos y expendio de drogas.

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Jaboque, para muchos, sólo es un sitio de paso

Jaboque, en la localidad de Engativá, es el segundo humedal más grande de Bogotá. Al igual que Juan Amarillo, tiene zonas muy disímiles entre sí. Algunas colindan con urbanizaciones densas, que incluyen ciclorrutas, pasos peatonales sobre el humedal y la canalización de los cuerpos de agua. Otras, más al occidente, dan hacia el parque la Florida.

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En la parte más oriental, el humedal está abierto y está bordeado por dos canales, uno en el borde norte y otro en el sur del humedal. En el borde norte hay una ciclorruta con bastante uso. Allí encontramos personas haciendo deporte, caminando y paseando a sus perros.

Canal norte, humedal Jaboque.

Más hacia el occidente, el humedal deja de estar tan urbanizado y encontramos más vegetación, otros cuerpos de agua (chucuas) y senderos que los vecinos usan para caminar y montar en bicicleta.

Humedal Jaboque, zona occidental.

De esa manera, Jaboque es una suerte de puente, un punto de tránsito desde el oriente hacia el occidente en un recorrido marcado por el contacto con la naturaleza. Sobre todo, su borde norte es utilizado con frecuenta por vecinos que, a pie o en bicicleta, se dirigen hacia el parque la Florida.

Este humedal enfrenta unos retos similares a los de los parques urbanos de Bogotá. A la altura del barrio Villa Amalia, hablamos con vecinos que caminan habitualmente por el sector. A ellos les preocupa la presencia de consumidores de droga y habitantes de calle alrededor de estos canales. Según pudimos observar, un parque local que hay en la zona, al lado del colegio Villa Amalia y a unos veinte metros de Jaboque, es utilizado frecuentemente por los vecinos para pasear y hacer ejercicio. Pero de noche, según nos contaron, lo evitan a toda costa, pues es un sitio frecuente de consumo de drogas.

Parque barrio Villa Amalia.

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Salitre es diminuto y no tiene un doliente

El humedal Salitre fue reconocido oficialmente en el 2011, y es el humedal más pequeño de la ciudad. A pesar de tener poco más de tres hectáreas y tener un acceso permanente por la unidad recreo-deportiva el Salitre, no tiene a nadie pendiente de él.

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El humedal es una fracción del sistema de parques del Salitre, y tiene cerca una pista atlética y canchas. Quienes llegan al humedal lo hacen, sobre todo, como resultado de estar haciendo deporte.

El humedal se nota abandonado. Encontramos una disminución del espejo de agua, que se alimenta únicamente de aguas lluvias. El agua la vimos turbia y con mal olor. La vegetación acuática ha aumentado y no notamos la presencia de muchas especies de aves.

Humedal Salitre.

¿Dónde están los dolientes de este humedal? Este humedal comparte un mismo administrador con el Tunjo y la Isla.

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Tibanica está ahogado por la presión urbana

Tibanica está en Bosa, en el límite entre Bogotá y Soacha. Este humedal es una de los pocos rastros de verde que queda en una zona de la ciudad que se ha urbanizado a una velocidad vertiginosa.

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Imagen aérea del humedal Tibanica.

En la parte externa del humedal, las edificaciones que lo rodean amenazan con extenderse sobre el área protegida en cualquier momento. Además, dentro del humedal vimos tres casas y cambuches. Según Tina Fresneda, una vecina que ha trabajado allí desde hace más de 20 años y ha sido contratista de la secretaría de ambiente, desde 2004 el acueducto ha comprado paulatinamente los predios que se encontraban dentro del humedal. De más de 200 predios, actualmente quedan 16 que todavía tienen habitantes en el humedal. Estas invasiones se traducen en la imposibilidad de cerrar el humedal y con ello, de controlar la circulación de las personas dentro de él.

Casa dentro del humedal Tibanica.

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3. Humedales tierra de nadie

La mayoría de los humedales de Bogotá – 8 de 15 – son tierra de nadie. Son espacios cercados a los que los ciudadanos no pueden acceder, o han caído en manos de privados que dificultan su conservación.

 

Cinco humedales tienen una cerca que los divorcia de la ciudad

En la localidad de Kennedy hay tres humedales – la Vaca, el Burro y Techo – que han tenido que soportar la urbanización densa de esta zona de la ciudad. Kennedy es la segunda localidad más poblada de Bogotá, pues cuenta con 1,2 millones de habitantes, según datos de 2018 de la secretaría de planeación (la primera es Suba, con 100 mil habitantes más). Pero hay que esperar a un censo oficial para confirmar estos datos.

 

Vecinos de Kennedy evitan transitar por La Vaca

La Vaca está encerrado por viviendas y por el sector de corabastos. Allí ha iniciado un trabajo por recuperarlo del palpable deterioro ambiental en el que se encontraba.

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Imagen aérea del humedal de la Vaca.

El humedal de la Vaca está separado del parque Cayetano Cañizares por un callejón enrejado y sin pavimentar, llamado el “callejón de la muerte” por vecinos y vigilantes del parque, como lo denuncié desde el 1 de octubre de 2017 en mi debate sobre parques. Allí la situación de inseguridad, según más de seis vecinos con los que hablamos, siempre ha sido delicada. La sensación de inseguridad es, sobre todo, por personas que ingresan al humedal para consumir droga. Es por eso que los vecinos con los que hablamos tratan de evitar los bordes del humedal y los cruzan en grupo o en bicitaxi, como pueden ver en la foto. Tampoco tienen interés en hacer uso de él, pues les parece muy arriesgado.

El «callejón de la muerte» al lado del humedal de la Vaca.

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En el Burro, los vecinos no perciben que alguien cuide el humedal

El humedal del Burro está separado en dos partes por la avenida ciudad de Cali. Este humedal está cercado por una zona industrial en su costado oriental y, sobre todo, por urbanizaciones recientes en ambos lados de la avenida. La presión urbana sobre este ecosistema es muy notable, teniendo en cuenta la densidad de la urbanización que está ocurriendo a su alrededor.

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Imagen aérea del humedal del Burro.

El Burro está completamente cercado y los vecinos sólo tienen contacto con la reja. Tres vecinos con los que hablamos nos dijeron que en ocasiones ven al administrador y a un vigilante, pero su percepción es que el humedal no tiene un doliente. Por eso, un tendero de la zona nos dijo que:

“A veces uno ve a los de la empresa de aseo podando y arreglando, pero no pasan de la reja [hacia el interior del humedal]. Lo que uno ve acá es el basurero que dejan a veces.”
(Transcripción textual de las notas de la visita)

Reja del humedal del Burro.

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Techo es un humedal con el que los vecinos no pueden relacionarse

Una situación similar encontramos en el humedal de Techo. Este humedal, también enrejado, está bordeado por conjuntos residenciales, casas y canchas de fútbol. El contacto de los vecinos con el humedal es mínimo, y la única presencia de la administración que encontramos fue una caseta de vigilancia en una de sus esquinas.

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Humedal de Techo.

Los vecinos con los que hablamos se quejan del olor que produce el agua estancada en el humedal, pero no nos dijeron nada más sobre su relación con este espacio. El único contacto que tienen es una conversación ocasional con el vigilante que se encuentra allí apostado. Para ellos, vivir al lado del humedal de Techo no es distinto de vivir al lado de un parque que no pueden cruzar, como nos dijo una vecina.

Humedal de Techo.

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Los otros dos humedales cercados, en Fontibón, enfrentan un reto común: que nadie accede a ellos

Los humedales de Capellanía y Meandro del Say, en la localidad de Fontibón al occidente de la ciudad, están enrejados y abandonados. Los vecinos no acceden a ellos porque son espacios desencajados del entramado urbano. En algunos casos, los vecinos ni siquiera saben que tienen un humedal al lado.

 

Capellanía está cercado y los vecinos no lo usan

El humedal de Capellanía está partido por la avenida Esperanza. Su sector más grande está al sur de esta vía, rodeado de conjuntos residenciales y cercado por una reja que lo bordea por completo. Esta cerca ha permitido la recuperación del humedal, en donde vimos varias especies de aves y un espejo de agua en buen estado.

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Humedal Capellanía.

No pudimos entrar por este cercamiento y no hubo nadie que nos diera razón del estado del humedal. De la misma manera, la reja ha impedido que los vecinos se acerquen al humedal. Los vecinos con los que hablamos, en el barrio la Cofradía, al occidente del humedal, nos contaron que para ellos la reja es una barrera. No es habitual que entren al humedal y, a pesar de vivir en frente, no lo consideran como un espacio que puedan utilizar de manera cotidiana.

Humedal Capellanía.

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El Meandro del Say es un humedal abandonado: “eso no es ningún humedal”

Llegamos al Meandro del Say luego de atravesar una parte de la zona franca de Fontibón. Allí encontramos un espacio sumamente deteriorado: la reja rota, sin vigilancia ni presencia de la administración y nos encontramos de frente con personas consumiendo droga al interior del humedal, cerca de un brazo del cuerpo de agua.

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Entrada humedal Meandro del Say.

Las personas que trabajan cerca a esta zona – pues por este lado del humedal no hay viviendas – ni siquiera sabían que allí se encuentra un humedal. Varios vigilantes privados, conductores y mecánicos a quienes preguntamos por indicaciones nos dijeron que no conocían ningún humedal, incluso cuando estaban a menos de una cuadra de la entrada.

Humedal Meandro del Say.

Luego bordeamos el humedal y, en su parte más occidental, hablamos con vecinos que nos dijeron que “eso no es ningún humedal”. Nos mostraron que lo que ellos conocen son unas canchas y otras obras duras que corresponden más a un parque local que a un área protegida.

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Los otros tres humedales están abandonados a su suerte

Nos quedan por ver tres humedales: la Isla (en Bosa), el Tunjo (en Ciudad Bolívar) y Torca-Guaymaral (en Usaquén). A pesar de su distancia geográfica, estos humedales se encuentran en una situación similar, pues nadie está velando por ellos y su deterioro ambiental se ha agudizado.

 

La Isla se convirtió en un potrero en donde la única presencia es la de la constructora Bolívar

La Isla es un predio que comprende una cuadra larga, en términos de ciudad. Al visitarlo, no pudimos apreciar de dónde salen las 7,7 hectáreas que, se supone, componen al humedal. El lugar se encuentra en el borde de Bogotá, luego de atravesar Bosa San Bernardino y cruzar el río Tunjuelo.

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Es difícil llamar “humedal” a la Isla. La zona, delimitada por una polisombra, tiene algunos árboles y pastos, además de un caño en su costado norte. Pero está cerrado al público y está vigilado por personal de la constructora Bolívar. Allí, esta empresa está desarrollando el proyecto “parques de Bogotá”, una urbanización de, por lo menos, 10 torres de apartamentos.

Proyecto inmobiliario de la constructora Bolívar al lado del humedal la Isla.

Hablamos con personal de la obra. Nos dijeron que, aunque no todo el terreno es de la constructora, la empresa vigila que los obreros no se metan en el predio del humedal (y en otros predios privados de la zona) para evitar accidentes. Dijeron, además, que eso no era en realidad un humedal, sino una zona que en ocasiones se inunda por la subida del caudal del río Tunjuelo. Además de los obreros que trabajan allí, nadie más transita por este sector.

Borde humedal la Isla.

 

Vale la pena ponerle mucha atención a este humedal, pues al lado suyo casi se perdió un ecosistema valioso

La personería distrital advirtió el 3 de febrero de 2017 que la construcción del proyecto de vivienda Campo Verde, en la localidad de Bosa, afectaría la preservación del humedal del mismo nombre que se encuentra en la desembocadura del río Tunjuelo, así como otros cuerpos de agua y especies nativas aledañas.

Este ente de control señaló que, de acuerdo con un estudio realizado por la empresa de Acueducto, el 15% del proyecto estaría sobre el humedal. Por tal razón, la personería presentó un recurso para revocar la licencia de construcción ante la curaduría urbana nº3; y que se llevaran a cabo las modificaciones respectivas al proyecto por parte de la administración distrital y las constructoras Bolívar y Marval para que no se afectara la zona de protección ambiental. La entonces secretaria de hábitat y hoy gerente del Acueducto, María Carolina Castillo, sostuvo que el humedal se encontraba alejado del proyecto y que no habría afectación de su cuerpo de agua. Las viviendas fueron entregadas en noviembre del año pasado.

La personería me informó, tras la solicitud que realicé en el transcurso del debate, que la curaduría urbana nº3 modificó el proyecto arquitectónico por medio de la resolución 1631878, considerando las observaciones realizadas por el organismo de control. Dentro de las modificaciones se encuentran el reemplazo de los planos de la planta y el salón comunal. La funcionaria que atendió mi solicitud señaló que la respuesta con toda la documentación respectiva sobre el proceso sería remitida el día 14 de agosto.

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El humedal el Tunjo no tiene ningún doliente

El humedal el Tunjo puede llegar a ser un recurso fundamental para garantizar el acceso a zonas verdes de las localidades de Tunjuelito y Ciudad Bolívar, que tienen un serio déficit en este tema (cuentan con menos de 4 m2 de espacio verde por habitante, según datos de 2016 del Dadep) y son de las más áridas de la ciudad, con una alta variabilidad de lluvias que ocasionan el desborde del río Tunjuelo, que atraviesa el humedal.

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Pero esta posibilidad se encuentra, aún, muy lejos. El Tunjo está ubicado cerca al parque el Tunal, la avenida Boyacá y colinda con el barrio Arborizadora baja. Es utilizado por los vecinos como un parque en el que salen a caminar y a pasear a sus perros. Pero los vecinos, según pudimos observar en nuestra visita el 1 de agosto, sólo utilizan dos zonas pequeñas del borde del humedal.

Humedal el Tunjo.

El resto, cercado por un alambre de púas en mal estado, fue descrito por una vecina como una “tierra de nadie”, a donde los habitantes del barrio prefieren no entrar durante el día y que evitan del todo durante la noche. Allí encontramos botaderos de escombros y basuras, cambuches habitantes de calle, bocatomas de aguas grises que desembocan directamente en el río Tunjuelo. También vimos ratas que, según los vecinos con los que hablamos, se han convertido en un problema para las casas más cercanas al humedal.

Humedal el Tunjo.

Aunque esta área de protección es clave para el manejo del nivel del agua del río, en nuestra visita encontramos que en el humedal no proporciona ningún servicio ambiental a la zona. Su cercamiento es inútil y el estado del río es lamentable. Otros cuerpos de agua están en un estado menos crítico, pero no pudimos llegar hasta ellos. Tampoco hay presencia alguna de la administración. Lo único que los vecinos ven es a unos vigilantes que cuidan las torres de alta tensión que hay en al interior del humedal.

Humedal el Tunjo.

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En Torca-Guaymaral se dificultan las acciones de conservación por tener predios privados

El humedal de Torca-Guaymaral está ubicado sobre predios privados que, según un integrante de la fundación Guaymaral que encontramos durante nuestra visita, dificultan mucho que se hagan acciones de fondo para recuperar el humedal.

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Imagen aérea del humedal Torca-Guaymaral.

Estos dos humedales hacen parte de un mismo complejo ecológico que fue separado a raíz de la expansión de la autopista norte. Se pueden identificar tres segmentos del humedal. Uno, al costado norte de la autopista, está bordeado por un canal de aguas residuales que corre paralelo a la vía. El segundo es el separador de la autopista, que todavía conserva vegetación propia del humedal y contiene algunas aves. El tercero, en el costado occidental de la autopista, está limitado por la vía Guaymaral y por el aeropuerto que está ubicado allí. Son espacios accesorios a vías de paso, que no permiten el disfrute de los humedales ni su conservación.

La conservación de la zona de Torca es mínima, pues no hay control de la vegetación, el espacio está lleno de basuras y el canal de aguas residuales trae desechos y muy mal olor. En la zona de Guaymaral hay caños de aguas negras que atraviesan los bordes del humedal. Además, el ruido generado por el aeropuerto es considerable.

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Emergencia ambiental global: prohibición completa de los combustibles fósiles

En febrero de 2018, hace apenas seis meses, la academia nacional de ciencias de Alemania publicó un estudio sobre las alternativas que están apareciendo para cumplir con los compromisos suscritos en el acuerdo de París, llamado «Negative emission technologies: What role in meeting Paris Agreement targets?».

El consenso científico vigente sobre la materia afirma que nos enfrentaremos a catástrofes ambientales si el planeta se calienta más de 2°C en comparación con los niveles registrados en la época pre-industrial. La meta del acuerdo es limitar el calentamiento del planeta a 1,5°C durante todo este siglo.

La academia de ciencias alemana afirma en su estudio que, luego de revisar la evidencia científica disponible para evaluar las tecnologías para eliminar dióxido de carbono, el potencial real de revertir la tendencia del clima a nivel global es muy limitado. Se necesitarían proyectos a una escala colosal, acompañados de la prohibición completa de los combustibles fósiles, para lograr una reducción del dióxido de carbono en el largo plazo. Esta es un compromiso que, como he venido insistiendo desde septiembre del año pasado y ahora con la licitación de transmilenio, ya han asumido varias ciudades del mundo. Por eso lucho porque no conviertan a Bogotá de buses diésel obsoletos que ya no se venden en Europa.

En síntesis, en el mundo no se ha definido un camino para enfrentar la emergencia ambiental que hasta ahora está empezando a develarse, y uno de los más importantes es cesar la destrucción de la naturaleza. Por esa razón, no podemos descartar aún ninguna respuesta.

 

En otras ciudades del mundo han recuperado zonas naturales al mismo tiempo que vinculan a los vecinos

¿Cómo se recupera un humedal? El profesor Thomas van der Hammen señaló en 2008, en un trabajo llamado “protocolo de recuperación y rehabilitación ecológica de humedales en centros urbanos” de la secretaría de ambiente, que Bogotá podría valerse de la experiencia de Holanda en la recuperación de humedales. La alta presencia de estos ecosistemas y el desarrollo urbano en este país daban una referencia sobre las intervenciones que podrían realizarse en los humedales de Bogotá. Van der Hammen destacó dos casos que les presentaré a continuación: en el primero, entenderemos como se hace la recuperación de un ecosistema; y en el segundo podremos ver como de construyó dicho ecosistema.

El primer caso es la reserva Molenven. Está ubicada, como pueden ver en este recorrido que hicimos a través de google earth, al norte de la ciudad de Letterveld.

Se trata de una reserva natural de 32 hectáreas compuesta por un gran humedal en el centro del territorio, y que fue afectado por la deforestación y la explotación de la turba para la industria de combustibles; e incluso se construyeron canales que buscaban desecarlo, facilitando el ingreso de sustancias contaminantes al cuerpo de agua. A continuación pueden ver un sobrevuelo de este humedal hecho en febrero de este año (fuente del video):

En 1960 se adoptó un plan de manejo que permitiría la recuperación de la fauna y flora, así como de la calidad del agua. Para ello, se realizó el cerramiento del humedal con una única entrada – de paso elevado – que permitiera el acceso controlado del público. Para recuperar el cuerpo de agua, se optó por cerrar la zanja de salida del agua para aumentar el nivel freático. Asimismo, por medio de la definición de cuadrículas, se llevó a cabo un monitoreo durante 30 años de la recuperación de la vegetación nativa. Esta intervención logró la recuperación del bosque nativo que se había perdido por la deforestación, así como la descontaminación del cuerpo de agua y la recuperación del nivel freático.

El segundo caso es Oostvaarders Plassen, una franja de borde costero ubicada a unos 20 kilómetros de Amsterdam que se secó por cuenta de los diques instalados para evitar las inundaciones. También les ofrezco un recorrido por esta zona de Holanda para ubicar la reserva.

Una parte de ese territorio se dedicó a actividades agropecuarias, mientras que la zona más pantanosa sería definida como reserva natural. En dicha reserva, de alrededor de 6.000 hectáreas, se plantaron especies nativas y se introdujeron mamíferos de gran tamaño para que habitaran el bosque que se fue generando a partir de la intervención. El repoblamiento de fauna, a partir de la recuperación de la flora nativa, mostraba que era posible un proceso no intrusivo, es decir, sin muchas obras. Pueden ver a continuación algunas imágenes que encontramos de la fauna que ha repoblado esta zona:

Reserva Oostvaarders Plassen, Holanda.
Reserva Oostvaarders Plassen, Holanda.
Reserva Oostvaarders Plassen, Holanda.
Reserva Oostvaarders Plassen, Holanda.
Reserva Oostvaarders Plassen, Holanda.

 


¿Y entonces, cómo se hace esto en zonas urbanas? Quiero presentarles un ejemplo: Yatsu Higata es un humedal de 40 hectáreas que se encuentra en la bahía de Tokio. Pueden ver también el recorrido que hicimos a través de google earth:

Antes de ser reconocido como una zona de conservación, sus vecinos se encargaron de aunar esfuerzos para preservarlo a través de brigadas de limpieza y de controlar el número de personas que accedían a la zona. Como resultado el humedal ha logrado sobrevivir, de manera excepcional, a un acelerado proceso de industrialización, a la presión de viviendas, fábricas y carreteras.

La recuperación de este humedal es un ejemplo de que la participación de la comunidad es indispensable para la restauración de los humedales. A través de las convocatorias que realiza el observatorio de Yatsu Higata, alrededor de 130 voluntarios apoyan la conservación del humedal.

Observadores de aves en el humedal Yatsu Higata, Japón.

Este observatorio, llamado en inglés “Nature Observation Center”, es el punto principal de contacto de la comunidad con el humedal, sobre todo con actividades de ornitología. Allí se ofrecen programas de educación ambiental en colaboración con las escuelas primarias de la zona como estrategia para incentivar el sentido de pertenencia de la comunidad hacia el humedal. Además, desde 1998 inició un programa de intercambio con un sistema de humedales en Queensland, Australia, que permitió a los estudiantes de ambos países intercambiar sus experiencias en relación con el estudio de aves.

 

Pero la administración hizo un cambiazo en la forma de recuperar los humedales

El 20 de octubre de 2017, el alcalde Peñalosa y el secretario de ambiente firmaron un decreto que modificó la política distrital de humedales. Este decreto, el 565 de 2017, cambió la definición de recreación pasiva que se encontraba en la política distrital de humedales, y la reemplazó por una definición que permite la construcción de obras duras como ciclorrutas, plazoletas y luminarias. Este cambio en la política distrital de humedales inclinó la balanza que hay entre la conservación y el disfrute de los humedales, y le da mucho más peso al segundo elemento.

El argumento con el que la administración sustentó esta modificación es el siguiente: cuando se adoptó la política distrital de humedales, en el 2007, no se utilizó la definición de recreación pasiva que estaba en el POT vigente (de 2004), sino de una norma previa de ordenamiento (de 2003) que el POT había compilado. Ese conflicto normativo, según la administración, la obliga a actualizar las definiciones sobre el uso del suelo en estas áreas protegidas.

Pero este no puede ser el único argumento en disputa. Como hemos visto, aún no hay una fórmula en el mundo que permita definir cuál es el camino para recuperar los humedales e integrarlos a las ciudades. Pero privilegiar los senderos y las ciclorrutas, cuando tenemos humedales que están apenas al borde de la supervivencia y, de acuerdo con la mejor experiencia internacional y en medio de una emergencia ambiental global, parece un rumbo equivocado.

 

A manera de conclusión

Como evidencian las mejores experiencias internacionales, incluso zonas de humedal muy deterioradas por la invasión de la agricultura, la minería, la expansión urbana, pueden ser recuperadas si existe el propósito firme de dejar de atropellar y destruir la naturaleza. Como lo he mostrado, el humedal Oostvaardersplassen, en Holanda, que hace 10 años recomendase el profesor Van der Hammen como una de las mejores experiencias a seguir, es un ejemplo de como la naturaleza puede resurgir tras 50 años de un perseverante esfuerzo por devolverle la vida. Estas imágenes de la fauna recuperada allí nos deben invitar a soñar que también en Bogotá es posible recuperar nuestra naturaleza. Este video oficial del humedal holandés nos lo recuerda (fuente del video).

2 respuestas a «¿Qué hacemos con los humedales de Bogotá en tiempos de emergencia ambiental global?»

  1. Les recomiendo ver este informe del Humedal Tibabuyes. La alcaldía no invierte en el cuidado y preservación de la biodiversidad del humedal pero sí hay 5 proyectos de construcción sobre él y su zona de amortiguación que amenazan este valioso ecosistema y pulmón para los bogotanos.

    💧🏗🏦🚧Aunque los presentan como proyectos separados, lo cierto es que todos son parte de un mismo modelo de ciudad que no tiene en cuenta la participación ni el bienestar íntegro de sus habitantes, y mucho menos la protección de los ecosistemas.💧🐟🦉👨‍👩‍👧‍👦🏡
    Ver en youtube (mejor resolución): ► https://bit.ly/2Mu3JCX
    Proyectos integrados que amenazan nuestra comunidad (nota)
    ►https://bit.ly/2n3QvSt

    #DerechoalaCiudad #YoSoymiBarrio #YoSoyHumedal #UnidosporunRíoenLibertad.

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