Reserva o catástrofe Por qué preservar y restaurar la reserva van der Hammen es un antídoto contra una catástrofe ambiental

La urbanización acelerada sobre toda la sabana de Bogotá ha tenido efectos muy negativos en la calidad del ambiente de la región. En consecuencia, la posibilidad de preservar y restaurar un área como la reserva Thomas van der Hammen – 1.395 hectáreas que aún conservan fragmentos de ecosistemas nativos – se vuelve fundamental para poner un freno al deterioro ambiental, una tarea de especial importancia al considerar que estamos en una época de emergencia ambiental en todo el planeta.

Con la ayuda de google earth, hicimos este recorrido breve por la reserva, ubicada en el norte de Bogotá – zona donde termina la ciudad y empiezan los municipios de Chía y Cota. Como pueden ver, a pesar de contener edificaciones – colegios, casas, invernaderos – la reserva es una pausa verde en las manchas grises que la rodean por todos los flancos:

Ahora, un fallo del tribunal administrativo de Cundinamarca, proferido el 10 de octubre de este año – es decir, hace apenas cinco días – pone en riesgo toda esta zona. Dicho fallo le ordena a la CAR, la autoridad ambiental de la región y la encargada del manejo de la reserva van der Hammen, acoger la propuesta de la administración para intervenir la reserva. Pueden acceder aquí al texto completo del fallo del tribunal.

La propuesta de la administración, que analizaré en detalle más adelante, y la consecuente aniquilación de la reserva van der Hammen, resultarían en la aceleración del deterioro ambiental de la sabana.

Este deterioro ha sido diagnosticado desde diferentes ángulos por la comunidad científica. Por ejemplo, en 2017 el profesor Sergio Gaviria Melo, profesor de geociencias de la Universidad Nacional, llamó la atención sobre la afectación de las fuentes de agua en los municipios vecinos a Bogotá en el trabajo “Crisis ambiental en la sabana de Bogotá”. Algunos casos críticos que muestra Gaviria son la contaminación del río Teusacá en La Calera y Sopó, y el estado de la planta de tratamiento Tibitoc, que solo puede tratar aguas para consumo por 180 días al año. Particularmente, el profesor Gaviria advierte que:

“Una catástrofe ambiental de proporciones incalculables en la Sabana de Bogotá puede producirse a mediano plazo por cuenta del desmedido incremento en las actividades de construcción e industrialización en la región, apoyado en planes de desarrollo de los municipios.”

También identifica a unos actores directamente responsables en esta posible catástrofe:

“Las grandes empresas constructoras en la Sabana de Bogotá, en acuerdo con los entes gubernamentales a nivel de Ministerio, Gobernación, Distrito Capital y Municipios, se han empeñado en abrir los espacios para el cambio de uso del suelo rural con perspectivas de expansión urbana, con el aval de la CAR. Lo anterior en contra de la Ley 99 que declara la Sabana de Bogotá como una zona de interés ecológico, cuyo uso prioritario debido a la calidad extraordinaria de sus suelos, es el agropecuario y forestal.”

Otros problemas ambientales que ha identificado la CAR, la autoridad ambiental de Cundimamarca, son las actividades agropecuarias que han destruido áreas de bosque nativo; los invernaderos para cultivos de flores, que contaminan los suelos y cambian el paisaje; la contaminación de los suelos por los procesos de mecanización de las actividades agropecuarias; y la explotación de fuentes de agua superficiales y subterráneas.

En el 2011, el instituto de estudios urbanos de la Universidad Nacional llevó a cabo un estudio para la CAR en donde confirmó este diagnóstico: la degradación progresiva de los cuerpos de agua de la sabana se dio por la expansión de actividades agrícolas y ganaderas. El uso de los suelos para expansión urbana ha agudizado este proceso.

De esa manera, el aumento de la población y el cambio de usos de suelo para permitir nuevas actividades económicas han tenido un impacto sobre los suelos y la calidad de las fuentes de agua de la sabana. El impacto demográfico, en particular, ha sido muy notable. Pueden observar en los siguientes mapas el ritmo de crecimiento de la mancha urbana de Bogotá. En cuestión de 60 años, la ciudad se expandió por la sabana y población pasó de 330 mil habitantes en 1944 a 6,7 millones en 2004.

Para 2005, según el censo del Dane, éramos 6,8 millones de bogotanos. La proyección de población a partir de ese censo, para junio 30 de 2018, es de 8,1 millones de habitantes, pero es necesario esperar las cifras del nuevo censo. Hay serias críticas sobre estos estimados de población – aspecto crucial que abordaré más adelante.

 

¿Quién era Thomas Van der Hammen?

Vale la pena que nos detengamos, de manera breve, en la vida del profesor van der Hammen, y la relevancia de su trabajo para comprender la importancia de sus advertencias frente a la urgencia de frenar el deterioro ambiental de la sabana.

Thomas van der Hammen nació en Holanda en 1914. Estudió geología, zoología, botánica y química en la Universidad de Leiden, y obtuvo un doctorado en paleontología y botánica por la misma universidad (después de la segunda guerra mundial, pero no conocemos el año exacto).

Llegó a Colombia en 1951, para trabajar como jefe del servicio de palinología paleobotánica del servicio geológico nacional, institución que luego se convirtió en Ingeominas.

Regresó a Holanda en 1959, en donde asumió como profesor de la universidad de Leiden y, siete años más tarde, en la universidad de Amsterdam. Allí llevó a cabo estudios sobre historia climática, que complementó con expediciones en palinología tropical – el estudio del polen – en Guyana, Surinam y la cuenca amazónica.

En la década de los setenta regresó a Colombia, en donde integró unas expediciones colombo-holandesas que hicieron un trabajo de diagnóstico geológico, ecológico y social de los ecosistemas de las cordilleras de los Andes. Durante ese tiempo, van der Hammen se convirtió además en una autoridad de talla mundial en procesos de cambio climático, pues sus investigaciones le permitieron caracterizar los procesos de transición del clima en regiones tropicales en distintas edades del planeta.

En Holanda, van der Hammen puso manos a la obra para conservar la naturaleza. Desde su posición en la junta directiva de un museo de historia natural, guio la creación de la reserva forestal Molenven, un terreno de 32 hectáreas que había sido fuertemente degradado durante la primera mitad del siglo XX. Como expliqué en mi debate sobre los humedales en Bogotá, esta reserva es un ejemplo internacional en la recuperación ambiental de áreas muy deterioradas.

En Colombia, van der Hammen fue uno de los fundadores de la facultad de ciencias geológicas de la Universidad Nacional, donde además fue profesor. Esta misma labor docente la realizó en las universidades Distrital y Pedagógica, así como en el instituto colombiano de antropología. Se radicó definitivamente en el país a partir de 1991.

Desde su llegada al país, desarrolló una amplia gama de investigaciones sobre los ecosistemas y la geología de Colombia. Con ellas, logró una comprensión profunda sobre las características de los ecosistemas existentes en el país, las funciones que estos cumplían para la provisión de agua y el equilibrio ambiental, así como los riesgos a los que se encontraban expuestos.

Particularmente, entre 1986 y 2007 publicó una serie de trabajos sobre los ecosistemas de páramo y de bosque altoandino en el país, que sirvieron tanto de insumos científicos para entender la importancia de estas zonas, como de material de educación ambiental para restringir actividades agropecuarias que son muy dañinas en estas zonas.

Van der Hammen dio ejemplo restaurando con sus propios recursos una hectárea con bosque nativo en la sabana de Bogotá, que incluye un humedal artificial, cercas vivas alrededor de la propiedad y un espacio de cultivos.

Pueden ver esta finca en el recorrido que les ofrecemos con imágenes satelitales. La casa de los van der Hammen es un pequeño bosque que logró ser recuperado. Con ello, buscaba demostrar que la restauración de los ecosistemas de la sabana era posible.

Para profundizar en la vida de este científico holandés pueden seguir este enlace. Allí encontrarán el obituario de van der Hammen que publicó la universidad de Amsterdam.

 

Según van der Hammen, ¿qué es una reserva?

Desde 1998, van der Hammen expresó la necesidad de crear reservas forestales en la sabana de Bogotá para frenar su deterioro. En su “Plan ambiental de la cuenca alta del río Bogotá”, el científico holandés afirmó que:

“En vista de la destrucción casi total de los bosques originales, se requiere con urgencia que se declaren reservas naturales los pocos restos que quedan, para así asegurar la conservación de la biodiversidad, como base para la progresiva ampliación del área cubierta de bosque natural. Bosques secundarios bien desarrollados deben también ser incluidos en las áreas a proteger en primera instancia”.
Thomas van der Hammen, Plan ambiental de la cuenca alta del río Bogotá, pp. 111-112.

En ese sentido, la creación de una reserva tenía para van der Hammen un sentido práctico: poner freno a la degradación ambiental de la sabana, causada por la presión urbana y el crecimiento de la población, y agravada por el predominio de una actividad constructora indiscriminada. Pero estas reservas deberían tener un carácter unitario, que van der Hammen explica de la siguiente manera en el mismo documento:

“Para poder manejar bien un área, ésta tiene que conformar geográfica y ecológicamente una unidad, es decir tiene que incluir todas las partes que por su situación pueden tener influencia sobre la región principal.
[…]
“La unidad del área está dada por su geografía, geología, su hidrogeología y su hidrología. En estos términos, una acción en cualquier parte del área puede tener influencia sobre grandes extensiones de toda la cuenca.”
Thomas van der Hammen, Plan ambiental de la cuenca alta del río Bogotá, p. 10.

De esa manera, para van der Hammen una reserva es una zona manejada de manera integral, dedicada a la conservación de la biodiversidad y a la recuperación de los bosques nativos. Estos objetivos, según el científico holandés, también son muy importantes para cuidar las aguas superficiales y subterráneas.

 

Los estudios de van der Hammen fueron fundamentales para que la CAR asumiera la protección de la reserva

A partir del trabajo de van der Hammen, la CAR expresó sus preocupaciones acerca del ritmo de crecimiento de Bogotá y del riesgo de la conurbación con los municipios vecinos en la sabana, por las implicaciones que esto podría tener sobre la sostenibilidad ecológica del territorio.

El diagnóstico del plan de manejo, hecho por la CAR y adoptado en el 2014, habla de la reserva como un “dique” para contener la expansión del área urbana de Bogotá. Para la autoridad ambiental, el eje de la autopista norte era el que más preocupación generaba por el proceso de conurbación con Chía y Cota, así como sus efectos negativos sobre las áreas rurales de Suba y Usaquén. En el diagnóstico para dicho plan de manejo, la CAR afirmó que:

“La reserva es estratégica para estimular el crecimiento compacto de Bogotá y evitar la expansión urbana del distrito sobre la sabana de Bogotá, sobre los corredores viales de Suba-Cota y la vía Guaymaral. Una de las soluciones parciales para evitar la urbanización de la sabana de Bogotá es que el distrito no crezca sobre lo que resta de su ecosistema de sabana. Esto ayudaría a evitar la conurbación de Bogotá con Chía y Cota, trayendo como beneficio conservar los acuíferos que hay en la zona (Carrizosa, 2007), preservar los suelos tipo I y II – los mejores para la agricultura en Colombia – así como la posibilidad de conectar ecológicamente los relictos de áreas naturales en medio de la sabana con los cerros orientales (secretaría de planeación, 2008)”.

 

Peñalosa ya quiso urbanizar la reserva en su primer gobierno ¡y perdió!

El plan de manejo, en ese sentido, respondió a las preocupaciones que expresó el ministerio de ambiente desde el año 2000, cuando emitió dos resoluciones que le dieron vida a la reserva: la 475 y la 621 de ese año. Dichas normas fueron resultado de una fallida conciliación ambiental para el plan de ordenamiento territorial de Bogotá que quiso aprobar Enrique Peñalosa durante su primera alcaldía. El alcalde quería ampliar la zona urbana de la ciudad, una propuesta a la que la CAR se opuso.

Este conflicto fue dirimido por el ministerio de ambiente con la conformación de un panel de expertos para que estudiara la zona. En ese panel participó Thomas van der Hammen. El panel rechazó los argumentos del alcalde y propuso la creación de la reserva, que fue definida por medio de la resolución 475 de 2000 del ministerio, que concluyó

1. “Que es evidente la presencia de ecosistemas de importancia regional como los Cerros Orientales, Cerro de la Conejera y de Torca, el valle aluvial del río Bogotá, y los humedales de Guaymaral – Torca, así como la planicie conectante, la cual, además de constituir la principal fuente de recarga de acuíferos de la Sabana Norte, presenta los mejores suelos para actividades agrícolas, los cuales ameritan un manejo ecosistémico, regional e integral que garantice su protección y uso racional.
2. “Que estos ecosistemas de manera integral son de especial importancia para garantizar la conectividad ambiental y funcional entre la Sabana central y el valle de los Ríos Bogotá y Frío en el costado Norte de la Sabana.”

En el artículo quinto de la resolución, el ministerio caracterizó esta zona como un área de alta importancia ecológica para la región, fundamental para asegurar la conectividad entre los ecosistemas de los cerros orientales y los del valle aluvial del río Bogotá. El objetivo de crear esta reserva era, entonces, asegurar la existencia de un corredor vivo, recuperar y conservar la cobertura vegetal protectora, y garantizar la función ecológica de las propiedades privadas que ya existían en la zona. El ministerio, además, le dijo al distrito que la reserva debía ser incluida dentro del sistema de áreas protegidas de la ciudad.

Aunque el alcalde perdió esta batalla, los argumentos que ahora usa para querer urbanizar la reserva parecen ser los mismos. Así lo cree Manuel Rodríguez, ecologista, ex ministro de ambiente y miembro del panel de expertos que recomendó la creación de la reserva. En un evento organizado por el foro nacional ambiental el 17 de febrero de 2016 en la universidad de los Andes, el ex ministro Rodríguez advirtió lo siguiente:

 

La conurbación ahoga peligrosamente lo que queda de sabana

Las preocupaciones de científicos y ambientalistas por el crecimiento desmedido de Bogotá se han ido materializando con el paso de los años. Veamos esta fotografía aérea del norte de Bogotá, tomada por el instituto geográfico Agustín Codazzi en un sobrevuelo en 1993. Allí ven la zona en la que el río Bogotá, resaltado en color azul, separa a la ciudad de los municipios de Cota y Chía. En color rojo pueden ver los predios dedicados a actividades productivas. En su mayoría son invernaderos. En color morado, por su parte, observan predios residenciales o dotacionales, que corresponden sobre todo a colegios ubicados en esta zona.

Ahora vean este contraste, entre la situación en 1993 – en la foto en blanco y negro, en donde había muchos predios sin urbanizar – y una fotografía satelital de este año, a color. Los predios residenciales, en morado, han aumentado sobre todo en el margen occidental del río Bogotá. El crecimiento de la mancha urbana de Cota durante los últimos 25 años ha incrementado la presión que soporta todo el río Bogotá.

Pero al alcalde parece no importarle la conurbación, a pesar de las advertencias de expertos sobre la materia. En el mismo foro en los Andes que vimos hace un momento, el profesor Julio Carrizosa explicó que uno de los propósitos fundamentales de la reserva es evitar la conurbación. Dijo que así lo concibió van der Hammen:

¿Y qué le contestó el alcalde?

¡Qué analfabetismo ambiental!

 

Esta es una reserva en potencia para empezar a recuperar la sabana

El mismo van der Hammen fue el primero en diagnosticar de manera precisa que en el borde norte de la ciudad existen unos “ecosistemas potenciales”, susceptibles de ser recuperados. En su estudio de 1998 sobre la cuenca alta del río Bogotá, el mismo que ya les mostré para explicar el concepto de la reserva, van der Hammen prestó particular atención a dos elementos: la protección del agua tanto superficial como subterránea, y la conexión ecológica entre los cerros orientales y el río Bogotá.

La figura que ven a continuación es una animación de un esquema que originalmente fue hecho por el profesor van der Hammen. Con dicho esquema, él buscó explicar, de manera sencilla, cómo se podría realizar la recuperación ambiental y forestal de la sabana de Bogotá.

Esta labor implicaría la reforestación con especies nativas (alisos, en particular) en la parte alta de los cerros, que en la figura aparecen en varios tonos de verde, y las rondas de ríos y quebradas, de color azul. Ambas zonas se unirían con franjas anchas de bosque y con cercas vivas anchas en la planicie, representadas por las líneas que atraviesan el esquema del profesor van der Hammen. Como pueden ver, las fuentes de agua – quebradas, humedales y el río Bogotá – tienen un papel fundamental allí.

Según van der Hammen, las cercas vivas son franjas de 3 a 5 metros de ancho, con hileras irregulares de árboles y arbustos en la parte baja. Dichas cercas podían cumplir una función en la protección durante la época de heladas en la sabana, así como ejercer una acción natural contra las plagas. ¿Qué tipo de árboles debían sembrarse? Van der Hammen sugería sembrar alisos, ciros, raques y arrayanes.

Esta red de cercas vivas fue planteada por van der Hammen, además, como una serie de corredores biológicos que permitirían la conexión de los cerros con el piedemonte y el río Bogotá. De la misma forma, afirmó que la reforestación de la sabana requería una política orientada a la recuperación del medio ambiente, en la medida en que la recuperación del bosque nativo, con especies como las que vimos, ayudaría a permitir la recarga de los acuíferos – depósitos subterráneos de agua – y al retorno del agua a las corrientes de la zona.

 

“El peligro es el crecimiento difuso”

Hacia el final de su vida, van der Hammen fue enfático al recomendar que no se desarrollaran zonas urbanas ni zonas industriales en las rondas o valles de los ríos, puesto que estas áreas almacenan agua en épocas de lluvia y suponen un riesgo de desbordamiento de ríos y quebradas. Además, están expuestas a factores de contaminación tanto en aguas superficiales como subterráneas. Así lo dejó claro en una entrevista que concedió en 2004. Veamos un fragmento:

 

La arrogancia del poder atropella el medio ambiente

En contravía de la evidencia científica, el alcalde no ceja en su empeño de defender su propuesta para urbanizar la reserva. Esta miopía ecológica del alcalde Peñalosa pone en un riesgo crítico uno de los valores ambientales que van der Hammen defendió durante toda su carrera en el país: el agua subterránea y superficial que hay en la zona. En una reciente entrevista en Blu radio, el 8 de octubre de 2018, el alcalde afirmó que no hay agua subterránea allí. Escuchemos al alcalde:

Pero la propia administración ya había mapeado los puntos en donde hay agua subterránea en la reserva. El 17 de febrero de 2016, en el mismo foro en la universidad de los Andes que ya he nombrado, el alcalde intentó justificar la propuesta de urbanizar la reserva.

Quiero llamar su atención sobre una diapositiva que el alcalde pasó de largo en su presentación. Le sacamos un pantallazo (ustedes pueden ver la presentación completa aquí), y les enseñamos esta imagen a continuación:

Allí dice: “sustituiremos los 200 pozos profundos (puntos negros en el mapa) por nuestro sistema de acueducto organizado y responsable”. La leyenda del mapa, apenas visible, dice que esos puntos corresponden a “pozos de agua subterránea”. El agua sí existe, como lo han demostrado los científicos que se han concentrado en el estudio de la zona. El alcalde decide hacer caso omiso de esta evidencia.

 

El agua de la van der Hammen es uno de sus principales valores, pero se encuentra en enorme riesgo

¿Qué dicen los estudios sobre el agua en la zona donde está la reserva? A diferencia de lo que plantea Peñalosa, hay evidencia científica precisa acerca de la afectación de las fuentes de agua superficiales y subterráneas del área de la reserva. Asimismo, han señalado porque son necesarias para el equilibrio ambiental de la zona, la conectividad ecosistémica y la mitigación de los efectos de inundaciones, por ejemplo. Miremos que dicen los estudios.

Los profesores Chisacá y Remolina, de la Universidad Nacional, señalaron que en la zona había evidencia sobre la afectación de los cursos de agua que atravesaban parte de la reserva y que desembocaban en los humedales Torca y Guaymaral. En el estudio que realizaron en 2007 y que la administración señala como una de las fuentes para su propuesta, encontramos lo siguiente:

“El desvío de quebradas que desembocaban en los humedales han provocado notables descensos en los cuerpos de agua que van en contravía de la conservación de éstos y de las poblaciones de fauna que los habitan. Este es el caso de la quebrada que nace en los Cerros Orientales, cruzando por un floricultivo y el cementerio de Jardínez de Paz y es desviada del humedal de Torca (el cual prácticamente no tiene espejo de agua) para unirse directamente al canal de Torca.”
Chisacá y Remolina (2007), p. 104.

Según el estudio que el instituto de estudios urbanos de la Universidad Nacional realizó el año 2011, el mismo que cité al inicio cuando hablé del deterioro de la sabana, un aspecto fundamental con relación a las características hidrográficas del área de la reserva está asociado a la permeabilidad del suelo. Esto tiene que ver con la capacidad de retención de las aguas que corren desde los cerros orientales hacia el occidente, así como de las aguas lluvias. Asimismo, el estudio llamaba la atención acerca de las problemáticas que afectaban las condiciones hidrográficas de la reserva, asociadas fundamentalmente a la acción del hombre sobre el territorio sin ningún parámetro de planeación. Revisemos este fragmento del estudio de la Nacional:

“Las circunstancias naturales de invierno han sacado a flote toda una serie de malas decisiones sobre la ocupación del territorio: rellenos del valle de inundación del río, construcciones de vivienda e instituciones educativas debajo del nivel del río, construcción de PTAR (plantas de tratamiento de aguas residuales) en el valle del río, construcción de vivienda en la altiplanicie encharcable, cierre de vallados y drenajes en la altiplanicie, entre otros.”
Universidad Nacional (2011), p. 289.

Entonces, ¿la urbanización de la reserva no replicaría los problemas que, en el pasado, han afectado las condiciones hidrográficas del suelo?

Por otra parte, con base en las observaciones que realizó en terreno el instituto de estudios urbanos, el estudio concluye que los humedales y los vallados cumplen una función esencial en la amortiguación de los caudales que aumenten durante la temporada de lluvias y durante las inundaciones que afectaban la zona por fenómenos como el desbordamiento del río Bogotá.

“En el trabajo de campo fue posible evidenciar el papel que cumplen los vallados y la función del humedal como amortiguador y zona de inundación en la temporada de lluvias, inclusie en el muestre de mayo 23 se pudo apreciar como el humedal soportó y amortiguó el reflujo del Río Bogotá evitando la inundación de los predios adyacentes.”
Universidad Nacional (2011), p. 319.

 

Inflan la reserva para hacerla aparecer más grande

El alcalde Peñalosa se ha referido a la reserva van der Hammen, desde hace años, en términos despectivos. Su propuesta para cambiar los límites de la reserva y sustraer zonas que son áreas protegidas desde 1999 corresponde a la lógica inmobiliaria que ha empleado el alcalde para tratar los temas ambientales.

La administración del alcalde Peñalosa ha sostenido que la propuesta que presentó a la CAR para intervenir la reserva Thomas van der Hammen resultaría, de ser aprobada, en una reserva mejor que la que hoy existe.

Sobre todo, según la administración, la reserva pasaría de 1.396 hectáreas, que tiene en la actualidad, a 1.710 hectáreas. Esto significaría un incremento de 314 hectáreas. Pero, como pueden ver en la siguiente imagen, esta es una colcha de retazos disfrazada con una supuesta ampliación.

Por una parte, esta medida es engañosa, pues a las 1.710 hectáreas en la “reserva ampliada” la administración incluyó al cerro de la Conejera, que ya es un área protegida y que tiene 170 hectáreas. Además, hay que restarle 104 hectáreas que serán sustraídas para construir vías que atravesarían esa zona del norte de Bogotá. De esa manera, la supuesta reserva como tal tendría 1.436 hectáreas, apenas 40 más de las que tiene hoy, pero rodeada de gigantescas urbanizaciones, la cuarta ciudad más grande del país, como demostraré más adelante.

 

Liquidadores de la reserva

El impacto de la urbanización de la zona de la reserva van der Hammen ya ha sido advertido en numerosas ocasiones por la comunidad científica del país. Escuchemos, por ejemplo, al profesor Manuel Rodríguez quien, desde el 2 de febrero de 2016, advirtió que:

Urbanizar la reserva significa, además, atravesar unas vías que rompen con la unidad integral que propuso y defendió van der Hammen. Sólo basta mirar un plano con los trazados propuestos para las vías que atravesarían la reserva para notar su impacto. Como se puede apreciar en el mapa que pueden ver a continuación, la prolongación de tres avenidas (la Boyacá, la ciudad de Cali y la carrera Novena) y la construcción de la ALO cortarían la zona en varios retazos. Lo mismo harían otras obras locales que, además, tendrían encima troncales de transmilenio.

Desde el 29 de julio de 2017 advertí, con documentos oficiales de la administración, que querían sacarle 63 hectáreas a la reserva van der Hammen para ampliar dichas vías. Ahora, en la propuesta actual del alcalde Peñalosa, son 104 hectáreas las que necesitan para estas obras, como pueden ver en la imagen.

 

“Los corredores ecológicos no sustituyen un área de reserva”

La administración le pidió a la CAR trazar unos nuevos linderos para la reserva, que abarquen todos los hábitats del área y que permitan la conectividad hasta el cerro del Majuy, en Cota. Sin embargo, los corredores con los que la administración quiere mostrar que respetará la conectividad ecológica de la zona son exiguos. No respetan la idea de van der Hammen de conservar la reserva como una unidad, en donde todas sus partes se relacionen de manera integral.

De hecho, como lo advirtió el profesor Fernando Remolina, biólogo de la Universidad Nacional y ex director científico de la CAR, en la sesión informal del consejo directivo de la CAR, el 9 de octubre de este año, lo que la administración entiende por “corredor ambiental” se aleja de los objetivos de conservación de la reserva. Veamos al profesor Remolina:

 

¿Cómo van a proteger la reserva ahogándola con un megaproyecto inmobiliario?

La administración dice que quiere cambiar el estatus de la reserva, para que deje de ser una reserva productora – que admite actividades agropecuarias – para convertirse en una reserva protectora – enfocada en la conservación de la zona.

El proyecto de la administración no proporciona ningún mecanismo para garantizar esta protección – sobre todo cuando quiere meter un proyecto inmobiliario que, según la secretaría de planeación, ocuparía 2147 hectáreas en medio de un área que debería estar dedicada a la conservación y restauración ambiental.

 

El objetivo de Peñalosa es un gigantesco proyecto inmobiliario: construir en el norte la que sería la cuarta ciudad más grande de Colombia, con 1.736.485 habitantes

La proyección de población que el alcalde realiza para argumentar la viabilidad de este proyecto de su administración es exagerada. El alcalde ha repetido en varias ocasiones que para 2050, la ciudad tendrá 3,6 millones de habitantes más, con lo que su población llegaría a los 12 millones de habitantes. En contraste, un estudio reciente – publicado este mes – de la sociedad de mejoras y ornato ha ajustado los estimados de población. Los estadísticos Ernesto Rojas (exdirector del Dane) y Álvaro Pachón calcularon que, corrigiendo las estimaciones del censo del 2005, para 2050 la ciudad estaría pasando apenas los 9 millones de habitantes.

Sustentada en la cifra inflada, que no corresponde ni con el cálculo oficial del Dane (que pone la población de Bogotá en 2050 en 10,5 millones de habitantes), la administración estimó en la propuesta que presentó a la CAR que en el área redelimitada de la reserva vivirían 1.327.485 habitantes. Sumado a esto, se encuentra en marcha el proyecto inmobiliario de “lagos de Torca”, justo en el borde de la reserva. Allí la administración quiere habilitar suelo urbano para que vivan 409.000 habitantes más.

De esa manera, esos dos proyectos llevarían a esta zona de Bogotá a 1.736.485 habitantes – una cifra superior a la población de cualquiera de las localidades de la ciudad. El norte de Bogotá equivaldría, de esa manera, a la cuarta ciudad más grande del país, detrás de Bogotá, Medellín y Cali, y por encima de Barranquilla, que tiene 1 millón 232 mil habitantes. Los datos de población los tomamos del Dane.

 

¿Cómo va a sobrevivir la reserva sitiada por el hacinamiento urbano?

Otro tema de enorme importancia es el de la densidad de población. La densidad actual de Bogotá, de acuerdo con los datos más recientes de las Naciones Unidas, es de 17.700 habitantes por kilómetro cuadrado. Así, Bogotá es la segunda ciudad más densa del país, después de Ibagué, y ocupa el puesto 28 en el escalafón de las ciudades más densas del planeta (compuesto por ciudades con más de 500 mil habitantes).

El primer lugar de este escalafón se lo lleva Dhaka, en Bangladesh, con 47.400 habitantes por kilómetro cuadrado. Le siguen Mogadishu, en Somalia (28.600 hab./km2), Raqqa, en Siria (27.200 hab./km2) y Mumbay, en India (26.400 hab./km2).

Según la información que la secretaría de planeación envió a la CAR para el cambio en la reserva, el proyecto inmobiliario que quieren construir, que concentraría a 1,3 millones de personas en lo que hoy es la reserva van der Hammen, tendría una densidad de 32.519 habitantes por kilómetro cuadrado. Esto es casi el doble de la densidad promedio de Bogotá y representaría, en términos prácticos, la segunda ciudad más densa del mundo.

Pueden ver en la imagen el área urbana de Cali: 184 kilómetros cuadrados en donde viven 2,4 millones de personas. Esto representa una densidad de 13,144 habitantes por kilómetro cuadrado. Al lado ven el área del proyecto ciudad norte – la reserva van der Hammen sitiada por la urbanización. Allí, en un área de 38,5 kilómetros cuadrados, casi cinco veces más pequeña que Cali, quieren hacer caber 1,3 millones de habitantes.

 

Un parque urbano no es una reserva

La propuesta del alcalde corresponde más a la de crear un parque metropolitano que a mantener una reserva con vocación de conservación ambiental. Pueden ver, por ejemplo, el siguiente video de una entrevista al alcalde Peñalosa del pasado 4 de abril de 2018 en canal uno, en donde deja claro que su objetivo es hacer un parque en el borde norte de la ciudad:

Esta visión aniquila el potencial que tiene la reserva para responder a los desafíos ambientales que enfrenta Bogotá.

 

Ningún estudioso serio del medio ambiente está de acuerdo con Peñalosa

Confrontado por expertos, Peñalosa demostró que sólo busca urbanizar la reserva van der Hammen. En el conversatorio del foro nacional ambiental en la universidad de los Andes, que ya he mencionado en varias ocasiones, el alcalde dijo que la reserva representa un problema para la urbanización y la movilidad del norte de Bogotá. Lo pueden escuchar en otro fragmento de su intervención del 17 de febrero de 2016:

Tanto Julio Carrizosa como Manuel Rodríguez expresaron sus cuestionamientos al alcalde sobre la propuesta de la administración. Ambos científicos recordaron el espíritu de las recomendaciones formuladas por el panel de expertos que creó la reserva – un grupo selecto del que ellos hicieron parte – así como el rol que el profesor van der Hammen daba a la reserva para la preservación y restauración de los relictos de la sabana.

El profesor Rodríguez, particularmente, hizo referencia a la restauración de la reserva como un proceso prolongado, que se encontraba lejos de los objetivos del alcalde con la intervención pensada en dicho territorio. Escuchemos una vez más a Manuel Rodríguez:

Veamos ahora la respuesta del alcalde:

Todo lo que hemos presentado demuestra que la importancia de la reserva van der Hammen es mucho mayor de lo que quiere hacer creer el alcalde. Recordemos la cita que ya mencioné de este científico holandés:

“[…] una acción en cualquier parte del área puede tener influencia sobre grandes extensiones de toda la cuenca.”

 

El 44,9% de las donaciones a la campaña del alcalde Peñalosa vinieron del sector de la construcción

La campaña de Enrique Peñalosa a la alcaldía de Bogotá en 2015 recibió $2.678 millones en donaciones. De esos recursos, $1.204 millones, el 44,9%, provinieron de empresas o personas vinculadas al sector de la construcción.

Estas cifras fueron obtenidas directamente de los reportes de campaña al consejo nacional electoral.

En este enlace pueden encontrar más detalles.

 


Esta investigación fue hecha, bajo mi dirección, por Jaime Solórzano y Juan Sebastián Moreno. Todo el componente visual del trabajo estuvo a cargo de Ana Milena Prada y Cristian Rodríguez.

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