La educación y las víctimas no ganan con el presupuesto de Peñalosa

El debate sobre el presupuesto de la ciudad no es exclusivamente un tema de cifras. Es también una discusión política sobre la gestión de las entidades que administran recursos públicos, y que tienen como propósito atender problemas puntuales que afectan la vida de los bogotanos. Por esa razón, mi análisis del presupuesto se centró en aspectos fundamentales de la política social y ambiental de la ciudad: en el estado financiero de la Universidad Distrital, la universidad pública que hace presencia en los sectores populares de la ciudad; en la infraestructura educativa que prometió esta administración, así como en los avances en la jornada única; en los espacios para cuidar a la primera infancia; en las obras culturales y la protección de la naturaleza; y en la atención a las víctimas del conflicto armado que residen en Bogotá.

Ganó Volvo, perdió Bogotá

Con la licitación adjudicada, transmilenio pactó la entrada de 1.143 buses nuevos, 462 articulados y 681 biarticulados. El 59,6% de los buses (682 de 1.143) nuevos serán buses Volvo que funcionan con diesel y tienen una tecnología de emisión Euro V, ya obsoleta en Europa. El 40,4% restante (461 de 1.143) serán buses Scania, que operan con gas natural y tienen tecnología Euro VI - menos contaminante pero, de todas maneras, un combustible fósil. Ni un solo bus será eléctrico. Bogotá perdió la oportunidad de dar un paso hacia un transporte público menos contaminante, que no le haga tanto daño a la salud de las personas y que contribuya a enfrentar la emergencia ambiental global que vivimos.